Las Maqamat de al-Hariri en Jerez

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Introducción

El término árabe maqāma, derivado del verbo qāma, “levantarse”, se refiere a cualquier encuentro informal o fortuito que se tiene de pie, en la calle u otro lugar diferente del formal y organizado maŷlis, del verbo ŷalasa, “estar sentado”. En un contexto literario, se consideraba maqāma cualquier sesión poética e, incluso, las audiencias ante el Califa de ascetas y ulemas que, en sus admoniciones, incluían exempla para ilustrar sus enseñanzas. Gracias a la obra de Abū l-Faḍl al-Hamaḏānī (969-1008), la maqāma se convirtió en un género narrativo que consistirá, sobre todo a partir de Abū Muḥammad al-Ḥarīrī de Basora (m. 1122), en una serie fija de cincuenta relatos de tema anecdótico, cuyo interés e importancia va a radicar en el contraste entre la extraordinaria erudición y la grandilocuencia del lenguaje empleado por su autor, y la trivialidad o simpleza extrema de su contenido.

En al-Andalus, como ya apuntaba Fernando De la Granja, la maqāma clásica tuvo pocos continuadores y llegó a confundirse con risāla. De esta forma, la primera pasó a designar cualquier ejercicio retórico, en prosa rimada, con intercalación o no de versos, inspirado por cualquier motivo: felicitar a un recién nombrado juez de provincia, acompañar un azafate de fruta temprana que se envía de regalo, describir un paisaje, narrar un sucedido de mínima importancia, o los azares de un viaje; con ánimo de disculparse, elogiar o denostar, o simplemente para solaz del escritor o por matar el tiempo […] y esa composición, arropada hasta la asfixia por todas las galas del lenguaje, de la erudición y la pedantería, al punto de resultar indescifrable, se llamará indistintamente risāla o maqāma, sin atender al tema (si es que hay tema), aun cuando risāla continúe siendo, con mucho, el término más socorrido.

El texto de al-Hamaḏānī, que incluía cincuenta y dos maqāmāt o relatos breves e independientes, narra las peripecias del pícaro Abū l-Fatḥ al-Iskandārī en boca de ‛Isà b. Hišām, del mismo modo que al-Hāriṯ b. Hammān lo hará con Abū Zayd al-Sarūŷī en la obra de al-Ḥarīrī, cuyas Maqāmāt pronto obtuvieron mayor notoriedad que las de su predecesor al-Hamaḏānī en todo el mundo árabe. 

En al-Andalus, fueron usadas recurrentemente como modelo para el estudio de la gramática y las bellas letras, por lo cual necesitaban rigurosos comentarios que aclararan los aspectos más singulares u oscuros de la lengua de las mismas y de sus alusiones históricas y literarias. Buena parte de los diccionarios biográficos las citan entre los libros que los maestros transmitían y enseñaban a sus alumnos, y fueron varios los andalusíes que las oyeron del propio al-Ḥarīrī en Bagdad, entre ellos, Abū l-Qāsim Ibn Ŷahwaral-Šarīšī (PUA, 7214), alfaquí natural de Talavera, pero afincado en Jerez (Šarīš, de ahí al-Šarīšī, el jerezano), que murió en Sevilla a mediados de 1132, ciudad en la que ejerció de maestro, como antes lo había hecho en Córdoba y Jerez. En esta última población inició una importante cadena de transmisión (isnād) de las Maqāmāt de al-Ḥarīrī, a través de sus discípulos:

  • Abū l-Ḥasan Ibn Lubbāl al-Šarīšī, destacado gramático y poeta de Jerez, ciudad donde ejerció como cadí y en la que falleció en 1186 (PUA, 6349).
  • Abū Bakr Ibn Azhar al-Šarīšī, yerno de Ibn Ŷahwar y cadí y maestro en Jerez, población en la que murió en 1188 (PUA, 11624).
  • Abū Bakr Ibn Mālik al-Šarīšī, fallecido en Jerez en 1195-6 ó 1196-7 (PUA, 10309).
Difusión de las Maqāmāt de al-Ḥarīrī en Jerez

Ibn ‘Abd al-Mu’min al-Šarīšī

El Comentario (Šarḥ) más celebrado de las Maqāmāt de al-Ḥarīrī pertenece a otro jerezano, Ibn ‘Abd al-Muʼmin al-Šarīšī (PUA, 1291), pupilo común, junto a otros ulemas de su ciudad natal (véase tabla), de los autores arriba mencionados, y sobresaliente gramático, lexicógrafo, hombre de letras y maestro. Completó sus estudios en Sevilla, Ceuta, Algeciras, Fez, y también en Egipto y Siria, adonde viajó en busca de ciencia en otros sabios de allí, de los que apenas nos han llegado datos. Según sus biógrafos, Ibn ‘Abd al-Muʼmin era un hombre ávido de saber y transmisor digno de confianza. Tras su periplo por Oriente, regresó a al-Andalus, donde enseñó y tuvo fama de maestro experto en lengua (luga), bellas letras (adab) y prosodia (ʽarūd), tanto en su aula (maŷlis) de Jerez, como en Murcia y Valencia. Ibn ʽAbd al-Muʼmin murió en su ciudad natal el domingo 15 de enero de 1223.

El Comentario de las Maqāmāt de al-Ḥarīrī

Entre sus obras, conviene detenerse en la que le ha dado mayor gloria, su Šarḥ Maqāmātal-Ḥarīrī (Comentario de las Maqāmātde al-Ḥarīrī), dedicada al califa Abū Yaʽqūb Yūsuf al-Manṣūr (m. 1199), lo que delata no sólo el fructífero mecenazgo intelectual de la dinastía almohade, sino también la cercanía de al-Šarīšī al poder.

Este comentario se hizo en tres versiones: una extensa, en la que al-Šarīšī se emplea a fondo explicando los sentidos literarios; otra mediana, en la que hace una selección de la anterior; y una tercera breve, en la que se limita a comentar los aspectos lingüísticos. Otros autores afirman, además, que el mayor de los comentarios era literario, el mediano lexicográfico y el menor, un resumen. 

Ya hemos comentado cómo las Maqāmātde al-Ḥarīrī obtuvieron más fama que las de su predecesor al-Hamaḏānī. En al-Andalus, el ya mencionado Ibn Yahwar se ocupó de difundirlas desde Jerez, hecho del que se hace eco el propio al-Šarīšī en la introducción a su magno comentario:

El primero del que tomé su transmisión y con quien aprendí [las Maqamat] en mi ciudad de Jerez fue el maestro, alfaquí y almocrí Abū Bakr Ibn Azhar al-Ḥaŷarī. Me instruyó en ellas a partir de la enseñanza de su suegro, el alfaquí, tradicionista y transmisor Abū l-Qāsim Ibn ʽAbd Rabbih al-Qaysī, conocido como Ibn Ŷahwar quien, a su vez, las había recogido de su autor, Abū Muḥammad al-Ḥarīrī. También en Jerez me las transmitió el alfaquí y transmisor Abū Bakr Ibn Malik al-Fihrī, que las aprendió del mencionado Ibn Ŷahwar y del maestro y alfaquí Abū l-Haŷŷāŷ al-Ubbadī al-Quḍāʽī [m. 1147], ambos a su vez de Abū Muḥammad al-Ḥarīrī. […].

Detalle de una de las ilustraciones de las Maqāmāt de al-Ḥarīrī. BNF, ms. Arabe 5847, f. 69v.

El resto de la obra se compone del prefacio y las cincuenta Maqāmātde al-Ḥarīrī que Ibn ʽAbd al-Muʼmin al-Šarīšī interrumpe, sin un orden preciso ni preestablecido, tantas veces como cree necesario, para introducir sus glosas. En éstas, nuestro autor aclara los términos de peor comprensión o interpretación y expone, con ejemplos extraídos de obras poéticas o en prosa (cuentos, anécdotas, relatos, etc.), el uso que otros autores hacen de las expresiones, vocablos o asuntos tratados por al-Ḥarīrī.

El Comentario es también un alarde de los saberes de Ibn ʽAbd al-Muʼmin en disciplinas como la gramática, la ortografía, la lengua, la retórica o las bellas letras en general, en el que ofrece secciones fijas destinadas a aclarar referencias del corpus de al-Ḥarīrī y a instruir al lector sobre prosodia o tratamiento del léxico. Conviene señalar que lo más valioso de los comentarios de al-Šarīšī se centra en los cuentos y relatos que introduce para ilustrar algunas de sus explicaciones gramaticales, léxicas o literarias. Causa extrañeza la escasez de ejemplos sacados de la literatura andalusí y sus autores, pero buena parte de los que hay están ligados a la ciudad de Jerez y a dos de sus maestros, el citado Abū l-Ḥasan Ibn Lubbāl, y Abū ʽAbd Allāh Ibn Zarqūn (m. 1190) (PUA, 9041). Del primero recopila no pocos versos, algunos de los cuales, dedicados a una alameda jerezana, los encontramos en una de las glosas de la maqāma XXVII [metro ṭawīl, rima –ir]:

Oh cuán agradable es El Llano (Iŷŷāna), en primavera o en otoño.

Los arroyos de agua parecen plata sobre guijarros, que se esparcen en el fondo como perlas relucientes.

Cuando su arena no está empapada de agua, nos gusta ir allí y prescindir del ámbar y los aromas.

Y hay unos higos que parecen pezones; pechos de vírgenes negras en sus pecheras.

Diríase que hay allí alcobas fulgurantes con novias reposando sobre estrados de seda.

Por su parte, Abū ʽAbd Allāh Ibn Zarqūn aparece como interlocutor del sevillano Abū Bakr Ibn al-ʽArabī (m. 1148) (PUA, 9681) en un diálogo que contiene un interesante intercambio de versos de temática jerezana. La historia la inserta al-Šarīšī en uno de sus comentarios de la maqāma XXX, al final de la cual el pícaro Abū Zayd al-Sarūŷī recita unos versos sobre su ciudad natal, Sarūŷ, al narrador de la obra al-Hāriṯ b. Hammām [metro ramal, rima –uy]:

Mi patria chica es Sarūŷ, de la que pronto fui separado.

Es una ciudad en la que hay de todo, y provienen

sus aguas del Salsabil, siendo verdes prados sus arenales […]

El relato de al-Šarīšī, en el que Ibn Zarqūn e Ibn al-ʽArabī adaptan a su manera estas rimas, cambiando, entre otras cosas, el topónimo Sarūŷ por Šarīš, dice lo siguiente:

Esto me lo contó en su jardín de Triana el alfaquí Abū ʽAbd Allāh Ibn Zarqūn –que era, Dios lo tenga en su gloria, miembro de la cofradía de las buenas letras y distinguido en la de los alfaquíes–, en la época en que yo leía con él las Nawādir y el Kāmil, pues una tarde en que la conversación giraba en torno a los géneros literarios me dijo –Dios lo bendiga–, dichoso y contento, hasta el punto de contagiar su alegría a este jovenzuelo cuya barba aún no apuntaba, lo que sigue:

    – ¿Sabes que entre tú y yo hay una relación de fraternidad?

A lo que repliqué:

    – ¿Y cómo es eso, maestro?

Y respondió:

    – Porque yo también he nacido en tu ciudad de Jerez.

Como la conversación ganara en interés, le pedí que me diera más detalles y añadió:

    – Tengo a este propósito un curioso relato:

“Pasaba yo por Jerez de vuelta de la tierra del Magreb en compañía del alfaquí Abū Bakr Muḥammad b. ʽAbd Allāh b. al-ʽArabī –Dios lo tenga en su gloria– y, cuando llegamos a su campiña, entre viñedos y huertos, el alfaquí Abū Bakr se puso a hablar maravillas de todo cuanto veía allí, diciendo:

    – En verdad, las cosas que aquí se reúnen difícilmente se dan en otro lugar, por el primor de la agricultura y la ganadería, el aceite, el vino, la sal y demás productos.

Y le dije:

    – Debes saber que yo nací aquí.

Y Abū Bakr me respondió:

    – Pues tal vez tendrías que recitar ahora el siguiente verso [metro ramal]:

    – Mi patria chica es Jerez,

Y yo le dije, completando el verso:

    – donde yo vivía.

Y replicó Abū Bakr:

    – Es una ciudad en la que hay

Y añadí:

    – de todo, y se abastecen

Y dijo Abū Bakr:

    – sus manantiales del Salsabil

Y completé:

    – y están emparrados sus arenales.”

De este modo hicimos el camino con los versos sarūŷíes (sobre la ciudad de Sarūŷ) transformándolos en Šarīšíes (de Jerez), y así, sin darnos cuenta, el camino se hizo más corto.

Fue una de las tardes más felices que he pasado en mi vida, pues en ella mantuve esta conversación con mi ilustre maestro Ibn Zarqūn, cuya edad era entonces de 82 años [lunares], que solía hablarme de Ibn al-ʽArabī, Ibn ʽAbdūn y otros sabios en aquel ameno jardín a la orilla del río de Sevilla –ciudad que se alzaba ante nosotros en toda su belleza y esplendor–, y el cual, en aquella ocasión, me hizo este elogio de mi ciudad natal, Jerez, que tanta alegría me causó. ¡Roguémosle a Dios que le dé el mismo goce a él en la otra vida!


PARA SABER MÁS:

  • BORREGO SOTO, Miguel Ángel (2012), “Al-Šarīšī, Abū l-‘Abbas”, Biblioteca de al-Andalus, 7, Almería, pp. 334-9.
  • BORREGO SOTO, Miguel Ángel (2006), “¿Una macama jerezana? Jerez y la difusión de las “Macamas” de al-Ḥarīrī en al-Andalus”, Al-Andalus–Magreb, 13, Cádiz, pp. 7-66.
  • BORREGO SOTO, Miguel Ángel, “Sabios musulmanes de Jerez (ss. IX-XIV)”, Al-Andalus–Magreb, 11, Cádiz, 2004, 7-66.
  • DE LA GRANJA, Fernando, Maqāmas y risālas andaluzas. Traducciones y estudios. Madrid, 1997.
  • FERRANDO, Ignacio, Las sesiones del Zaragocí. Relatos picarescos (maqāmāt) del siglo XII. Zaragoza, 1999.
  • HÄMEEN-ANTTILA, “Marginalia ḥarīriana”, ZGAIW, 11, Frankfurt, 1997, 251-280.
  • HÄMEEN-ANTTILA, Jaakko, Maqama. A History of a Genre. Wiesbaden, 2002.
  • AL-ŠARĪŠĪ, Abū l-‛Abbās Aḥmad b. ‛Abd al-Mu’min al-Qaysī al-Šarīšī, Šarḥ Maqāmāt al-Ḥarīrī, ed. Ibrāhīm Šams al-dīn, 3 vols., Beirut, 1998.

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