La Peste Negra en Al Andalus

La Peste Negra. Geografía y cronología

La aparición y globalización de la COVID-19 ha hecho recordar a muchos historiadores, en una búsqueda de paralelismos en las consecuencias sociales y económicas de la enfermedad, que a mediados del siglo XIV una devastadora pandemia de peste (ṭā‘ūn en las fuentes árabes), conocida en la historia europea como “la Peste Negra”, se extendió sobre el continente euroasiático. Aunque es imposible conocer con precisión el daño demográfico causado por la enfermedad, la tasa de mortalidad fue realmente extraordinaria. Asimismo, en Oriente Medio esta epidemia dio lugar a una serie de ciclos recurrentes de peste que diezmaron sustancialmente la población del lugar.

Las fuentes contemporáneas árabes y latinas nos hablan de la existencia de las tres formas principales de peste (bubónica, neumónica y septicémica) en estas regiones. En cualquier comparación histórica del papel de la pandemia en las sociedades musulmanas y cristianas, por lo tanto, podemos asumir como una constante la naturaleza médica de la enfermedad. Además, casi todos los galenos medievales creían que su causa inmediata era un miasma, un efluvio, pestilente. Esta creencia fue ampliamente aceptada en ambas sociedades debido, principalmente, a su confianza común en la teoría de las epidemias propuesta por Hipócrates (m. c. 370 a.C.) y desarrollada por Galeno (m. c. 216) y por el persa Avicena (m. 428/1037), las mayores autoridades en medicina en el siglo XIV. Por lo tanto, en los tratados de peste orientales y occidentales se pueden encontrar consejos similares para mejorar o cambiar el aire en una comunidad afectada.

La Peste Negra se originó, casi con certeza, en la estepa asiática. Desde allí, la pandemia se extendió hacia el sur y al oeste: descendió sobre China e India, y se trasladó hacia el oeste a las tierras del kanato de Kara-Kitai, Uzbekistán, Transoxiana, Persia y, finalmente, a Crimea y al mundo mediterráneo. A finales de 1346, se sabía, al menos en los principales puertos marítimos del Mediterráneo, que una peste sin precedentes estaba arrasando el Oriente.

Difusión de la peste del siglo XIV. Wikimedia Commons.

Al-Maqrīzī (m. 845/1442), el famoso historiador egipcio del sultanato mameluco, escribió el relato más importante de la Peste Negra en Oriente Medio. En su descripción sobre los orígenes de la pandemia, nos cuenta que antes de que la enfermedad llegara a Egipto había comenzado en las tierras del Gran Kan, un lugar a seis meses de viaje —dice— desde la ciudad persa de Tabriz. Es decir, presumiblemente Mongolia y el norte de China. Asimismo, dos fuentes andalusíes, independientes de los relatos orientales, expresan opiniones similares. Ibn Jātima, quien escribió un tratado sobre la peste en Almería en el año 1349, afirma que aprendió de los comerciantes cristianos que la peste había comenzado en la tierra de los Kitai, que interpretó como China. Desde allí, se había extendido a las regiones habitadas por los turcos y a Iraq y, particularmente, a Crimea, a Pera (el asentamiento de la comunidad extranjera a las afueras de Constantinopla) y a la propia capital bizantina. Ibn al-Jaṭīb, el segundo autor andalusí, comenta que la pandemia comenzó en la tierra de Kitai y Sind (el valle del Indo) en 1333-1334.

Lo más probable es que la peste llegará desde la estepa asiática al Cáucaso, y desde allí se difundiese hacia el sur, por donde el itinerario que llevaba desde el Mar Negro a los mercados asiáticos servía como la principal arteria del comercio internacional en los siglos XIII y XIV. Así, la peste se extendió por todo el dominio de la Horda de Oro, que abarcaba esta travesía comercial. En este sentido, el sirio Ibn al-Wardī (m. 749/1349), por ejemplo, reunió su información sobre el curso de la Peste Negra de los mercaderes musulmanes que regresaban de Crimea a Siria. Los comerciantes le relataron que la epidemia se desencadenó en octubre-noviembre de 1346 en la tierra de los uzbekos, la Horda de Oro, y vació sus aldeas y pueblos. Luego se extendió a Crimea y Bizancio. Asimismo, un cadí de Crimea, probablemente de Kaffa (Feodosia), le dijo haber contado a los muertos que fueron golpeados por la peste, y el número conocido por ellos era de 85.000. Por lo tanto, el relato de Ibn al-Wardī coincide con la narrativa europea estándar para la difusión hacia el oeste de la pandemia a través de Crimea.

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